Psicología cognitiva conductual Psicología de pareja

No soy capaz de perdonar

no soy capaz de perdonar

Perdonar a alguien que nos ha causado un daño, especialmente cuando se trata de heridas profundas, no es sencillo. A la mayoría de nosotros nos cuesta aceptar que no hemos sido lo suficiente queridos, entendidos o respetados por otra persona en un momento dado. Nosotros o alguien o algo que nos importa, porque a menudo cuando las ofensas se producen hacia alguien a quien amamos duelen incluso más que cuando el mismo hecho se produce hacia nosotros.

El dolor que nos causa está muy presente en nuestra mente, de una forma más o menos consciente, y luego generamos una especie de coraza sentimental que creemos que es sólo para esa persona, pero en realidad es una protección hacia todo aquel que sea una posible amenaza y pueda debilitar nuestro bienestar o el de nuestras personas queridas.

El rencor y el resentimiento no son armas hacia otras personas, sino enfermedades de aquel que los padece. Para que esas emociones no vayan a más y se multipliquen a modo de metástasis, es importante trabajar en ellas, exteriorizar los hechos que nos hacen daño, analizar la situación, cambiar el punto de vista, tratar de empatizar con la otra persona, hacer autocrítica con mucho respeto hacia nosotros mismos también, para que al fin, ese espacio de nuestro cerebro que se dedicaba a liberar hormonas de tristeza se convierta en un espacio dedicado al amor, a la confianza y a la compansión. Este es el único camino para sanar, para dedicar nuestro cerebro y nuestras emociones a cosas que merezcan la pena y no a aquello que sólo nos daña.

Hay ocasiones en que la afrenta es tan grande, que la persona, aún sabiendo que es prisionera del sufrimiento que le provoca no perdonar a alguien, no quiere perdonar. En estos casos, el rencor no tiene tanto que ver con la persona que ha causado el daño como con el hecho de que la persona que lo ha sufrido no quiere dejar ir su resentimiento, pues el hecho de perdonar le parece que violaría su integridad personal. Es una opción que todos tenemos. Aún así, debemos saber que esto tiene un precio, que ese resentimiento lo llevaremos a nuestras espaldas como un saco de patatas podridas, cuyo hedor irá a más.

Perdonar implica cancelar la expectativa de compensación, es decir, esperar que alguien repare los daños causados como condición para el perdón no tiene mucho sentido, porque lo más importante de todo ese daño, que fue la decepción que causó en nosotros, la herida emocional, eso no lo puede reparar esa persona. Que la herida se cierre depende más de nosotros, del trabajo personal que hagamos y del tiempo que transcurra, pero la cicatriz ya nos la dejó. Eso no puede modificarse, es un hecho que ya se dio y no podemos retroceder en el tiempo. Perdonar es más bien aprender a aceptar las vulnerabilidades propias y ajenas, aceptarlas como parte de la condición humana. Entender que nosotros decepcionamos a otros, herimos a otros, muchas veces sin apenas percatarnos.

También es muy importante entender que el perdón no significa que debamos permitir que esa persona siga haciéndonos daño o siga haciendo daño a otros, del mismo modo que perdonarnos a nosotros mismos tampoco significa seguir cometiendo el mismo error una y otra vez. Perdonar es un ejercicio de generosidad hacia otros, hacia nosotros, es seguir apostando por vivir una vida de felicidad, sólo llena de buenas cosas y buenas emociones, y eso significa que tenemos el derecho a protegernos. Si la persona nos ha causado dolor, podemos hacer ese ejercicio de empatía y compasión sin tener por qué volver a aceptarla en nuestra vida o compartir nuestro tiempo con ella.

Por último compartiremos una anécdota, como existen muchas otras, de ejemplo de perdón. El papa Juan Pablo II sufrió un intento de asesinato por un chico de origen turco, Mehmet Ali Agca. Tan sólo dos días más tarde, Juan Pablo II acudió a la cárcel donde le habían encerrado, entró en su celda, le abrazó,le lavó los piés y le perdonó. Esta persona siempre trató de volverse a reunir con él y, aunque no le fue posible el encuentro, le guardó una profunda admiración y respeto. En este portal web no tenemos la menor intención de divulgación de ninguna doctrina teológica, pero sí es un excelente ejemplo de perdón, de aceptación de las miserias humanas de otras personas, y sobre todo de amor hacia el prójimo aún cuando comete errores o cuando atenta directamente contra nosotros.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *