Psicología cognitiva conductual

Cómo gestionar el rechazo

me siento rechazado

Cualquier persona que haya querido conocer a otra y ésta última no haya puesto interés o incluso haya mostrado desprecio ha sentido ese dolor, esa amarga sensación de sentirse rechazado. Es tan habitual que la pregunta es ¿Quién no lo ha sentido alguna vez? A decir verdad a todos nos ha ocurrido, ya sea con amigos, con personas que quisimos tener como parejas, por nuestros padres, hermanos, primos, siempre hubo alguien que no quiso compartir con nosotros su tiempo, su amor o su energía y eso nos causó dolor.

El rechazo significa no ser elegido, aunque ser rechazado no tiene que ver conmigo, sino con los gustos y preferencias de la otra persona y no de mi capacidad para ocupar ese lugar. Ser rechazado duele porque no vas a poder obtener esa vivencia que deseabas tener, ya sea una relación amorosa o un puesto de trabajo que deseabas tener. Además, ser rechazado implica que alguien no te eligió, alguien dijo que no te quería a ti para algo pero sí quiere a otra persona o a otra idea que no eres tú.

El rechazo ocurre en todas formas de vida, en la propia química celular, en el propio principio de la química. Hay partículas que se atraen, otras se repelen, y no necesariamente ambas partes actúan de la misma forma. Las relaciones no dejan de ser eso mismo, energías, química entre personas producida por olores compatibles, por pequeños sucesos biológicos de los que ni siquiera somos conscientes. Nuestra propia química hormonal puede hacer que un día veamos a alguien deseable y al día siguiente no podamos soportarlo. Y del mismo modo que no podemos evitar sentirnos atraídos por alguien e incluso amarlo, poco podemos hacer cuando nos produce rechazo.

Es muy difícil no vivir el rechazo como algo personal. Si fuimos rechazados por ser demasiado altos querríamos ser más bajos, si fuimos rechazados por tener unos kilos de más, querríamos estar más flacos, y así infinitamente, en realidad podría ser cualquier atributo de tu personalidad o de tu dimensión física. La cuestión es que tú eres quien eres, alguien singular y único, y todo aquel que no te acepte así no merece ni va a valorar nunca la persona que eres.

Todos absolutamente mereceríamos ser amados y respetados tal y como somos desde nuestro nacimiento. Aquellos que lo son sin duda salen a explorar el mundo con una confianza en sí mismos y unas capacidades que otros menos favorecidos por el amor y la aceptación de su entorno no tienen. Aquellos que nacieron en un entorno donde todos los despreciaban, no los querían o los ignoraban, que es lo mismo, tienen un futuro más difícil que quienes sí tuvieron el amor incondicional de los suyos. Y es que los humanos aprendemos el amor propio del amor que nos dan los demás, y esto ocurre entre los 0 y los 6 años, si en este tiempo no has tenido dosis altas de amor, nunca vas a poder obtenerlo de ti mismo y es ahí cuando las personas en ocasiones desarrollan trastornos de personalidad.

En cualquier caso, las personas siempre necesitamos sentir la aceptación de otras, forma parte de nuestra naturaleza. Lo que ocurre es que a medida que crecemos, la aprobación ya no depende necesariamente de nuestra mamá o de nuestra papá, podemos obtenerla de nuestra pareja, de nuestros hijos o nuestros amigos, a veces incluso de nuestros jefes o empleados. Siempre necesitaremos personas que nos digan que valemos, que somos suficientes y que somos queridos.

Sin embargo, es absurdo pretender que todas las personas nos acepten. Siempre habrá personas que no deban estar en nuestro camino, por lo cual la única vía posible es relacionarnos con aquellas que se sientan felices de tenernos en su vida, y que coincidan con aquellas con las que yo me siento feliz también. Sin forzar nada, sin tratar de convencer a nadie de nada, porque forzar las cosas conduce inevitablemente a situaciones no deseables para ambas partes.

Para tolerar esa sensación al rechazo o llevarla mejor es muy importante no sentir vergüenza por amar, por desear algo. Uno debe aceptarlo y debe comunicarlo como tal, porque el hecho de que otra persona nos rechace no hace menos certero nuestro sentimiento o nuestro deseo. Aceptarlo y comunicarlo no es sino un rasgo de madurez y de dignidad de la persona. No hay nada de lo que avergonzarse, la realidad de las cosas es la que es.

Esperar que todos mis aspectos agraden a todos es tan absurdo como esperar que todos mis aspectos desagraden a todos. Aunque tengas una característica que creas detestable, hay personas a las que con absoluta seguridad amarán esa característica. Por otra parte es igualmente cierto que hay aspectos que seguro puedes mejorar para aumentar la tasa de aceptación de tu persona, si tienes mal humor, eres egoísta y avaro, es muy probable que tengas una tasa de aceptación más bien baja, quizás en lugar de pasarte la vida buscando a aquel que te acepte con esas particularidades sea también el momento de trabajar en ellas y ser una persona con mucho más para ofrecer.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *