Psicología cognitiva conductual

Tener éxito

tener éxito

Las personas tendemos a enfocar nuestra atención en aquello que no tenemos, en aquello que creemos que nos falta o que no está completo. Cuántas veces aparece en una conversación entre amigos lo de «cuando estás compartiendo tu vida junto a una pareja estable quieres tener más libertad de movimiento y conocer a nuevas personas, y cuando por otras circunstancias estás sin pareja y tienes esa capacidad de conocer a muchas personas todo el tiempo y de hacer cuanto se te antoja en cada momento sin ningún tipo de condicionante, entonces uno se siente añorado de no tener una pareja estable.» Esto sucede, y no solo a nivel de pareja, sucede con prácticamente todas las situaciones de nuestra vida. El ser humano suele tener cierto espíritu crítico y una necesidad constante de evolucionar hacia una situación mejor de la que considera que tiene. A menudo nos sorprendemos al observar que una vez hemos evolucionado a ese otro nuevo estado, tampoco nos llegamos a sentir totalmente satisfechos con nuestra nueva situación.

En cualquier caso, la sociedad nos empuja desde que nacemos a buscar el éxito y el prestigio social. Desde pequeños nuestros padres tratan de motivarnos para que estudiemos, para que aprendamos a tocar el violín, o el piano, o juguemos maravillosamente a baloncesto, o cualquier otra actividad que ellos entiendan como un logro (a menudo estos logros no son otra cosa que frustraciones propias de nuestros padres de lo que ellos hayan deseado hacer en su infancia o en su juventud). Más tarde nos empujan a que estudiemos una licenciatura o una ingeniería, algo que nos aporte un salario suficiente según sus estándares y a un estatus social que admiren. En general no nos dicen que hagamos justo lo que nos apetezca, aquello que para nosotros sea significativo, más allá del salario que percibamos o del prestigio social que lleguemos a tener.

Esto no quiere decir en absoluto que nuestros padres no quieran nuestra felicidad, muy al contrario, suele ser el mayor de sus deseos. El error radica en lo que cada uno entiende por felicidad, y es que a menudo se asocia la felicidad con la fama o ese prestigio social del que hablamos sin entender que estos estados también comportan situaciones no deseables que pueden llevarnos a emociones muy negativas. Son muchas las personas que dicen haber dedicado su vida a conseguir ser una persona conocida y reconocida y una vez lo han alcanzado se han dado cuenta de que es totalmente esclavo y que limita su vida en muchas dimensiones. Muchas veces se dan cuenta también, de que más allá de la meta que se habían propuesto, la actividad que realizan no les satisface en absoluto. Esto sucede con suma frecuencia a cantantes, futbolistas, actores, políticos y otras profesiones que actúan como escaparate de la sociedad.

El dinero y el poder pueden ayudarnos a sentir un mayor nivel de bienestar, pero también pueden provocar todo lo contrario. Si son algo que conseguimos a partir de realizar una tarea que nos encanta, que disfrutamos, serán algo favorable para nosotros, pero si por el contrario son el objeto de nuestra motivación, con toda probabilidad nuestra sensación de bienestar irá reduciéndose cada vez más.

Para conseguir alcanzar una meta es mucho más efectivo no obsesionarnos con ella, probablemente incluso no pensar apenas en ella, y centrarse en el disfrute de la tarea. Nuestro mayor éxito debe ser siempre la gratificación personal que nos produce hacer algo bien, sentir que para nosotros aquello es importante.

Siempre hay personas que miden los logros en función de la cantidad de esfuerzo, abnegación y sacrificio que se hayan depositado para conseguirlos, sin tener en cuenta si alguien ha disfrutado con ello o no. Vivir satisfecho con uno mismo es un éxito por sí mismo y no es un problema de exceso de orgullo o de prepotencia siempre y cuando no vaya acompañado de ignorancia y de falta de solidaridad hacia los demás.

Cada vida tiene sentido por sí misma y debe ser útil para la persona en cuanto a que pueda desarrollar las actividades que le generen satisfacción dentro de las limitaciones que pueda tener. Cuando uno entiende la vida así se da cuenta de que su estado anímico y su sensación de bienestar dependen más de saber aceptar y paladear el transcurso de la vida, las distintas situaciones que vayan sucediéndole, que las metas que considere haber o no conseguido.

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