Psicología clínica

Por qué una adicción es una enfermedad y no una opción

Adicciones

El debate es tan antiguo como lo es la adicción a las sustancias. Por un lado, algunas personas creen firmemente que la adicción es una opción, y que los usuarios pueden parar cuando quieran. Otros, por otro lado, proclaman que la adicción es una enfermedad física que requiere intervención médica y psicológica. ¿Cuál es tu opinión? ¿Crees que la adicción es una opción, es sencillamente «vicio»? O tal vez sospechas que el abuso de sustancias es una enfermedad legítima y que las personas son impotentes frente a la adicción, al igual que un diabético depende de la insulina o una persona con insuficiencia cardíaca se aferra a las drogas para seguir viviendo.

El Centro Nacional sobre Adicciones y Abuso de Sustancias de EEUU describe la adicción de la siguiente manera: «La adicción es una enfermedad compleja del cerebro y el cuerpo en la que una o más sustancias se consumen compulsivamente a pesar de las graves consecuencias para la salud y las relaciones sociales. La adicción altera las regiones del cerebro responsables de la recompensa, la motivación, el aprendizaje, el juicio y la memoria. Daña varios sistemas corporales, así como a familias, relaciones, escuelas, lugares de trabajo y barrios. «

Por qué la adicción es una enfermedad y no una opción

  1. Un adicto a la heroína se inyecta esta droga a sí mismo aún sabiendo que se mata a sí mismo y todo lo que le importa. Cuando piensas en las devastadoras consecuencias para la salud de la adicción -hepatitis, insuficiencia hepática, VIH, dolor oral y corporal, cabello escaso y erosión dental- pregúntate seriamente: ¿Quién elegiría una vida así? Además, ¿quién querría perder su familia, carrera y autoestima para ser completamente esclavizado por una sustancia que destruye todo lo que es bueno en tu vida?
  2. La adicción cambia el cerebro. Piensa en lo que comiste para desayunar. Cuando se satisfacen necesidades básicas como agua, sexo o el tazón de cereales que llenaron su hambre esta mañana, ciertos productos químicos se liberan en el cerebro. Estos neuroquímicos desencadenan una respuesta y una sensación muy agradable. En las adicciones, el centro de recompensas del cerebro es secuestrado por esa sustancia. Las drogas y el alcohol también liberan estos productos químicos para el bienestar, pero en cantidades mucho mayores. El cerebro quiere recuperar esa sensación de euforia, pero cada vez se necesitan cantidades más y más altas de la droga para lograr el mismo efecto. Llega un momento en que la persona está totalmente hundida psicológica y emocionalmente sin esa sustancia, y es por eso que los adictos descuidan su propio cuidado y necesidades básicas con el fin de obtener y consumir más sustancia. En los casos más graves, los consumidores de drogas ya no se preocupan por su bienestar o supervivencia, y el punto focal de sus vidas es «¿Cuándo, dónde y cómo puedo obtener otra dosis?».
  3. Desear salir de la adicción no es suficiente. Inicialmente, el usuario casual no siente una necesidad irresistible de usar drogas. Algunas personas tienen una adicción recreativa durante años, sino toda su vida. Probablemente conozcas algunos en tu propia vida. Conocidos como «consumidores de fin de semana» o «consumidores sociales», estos individuos aprecian su sustancia favorita y esperan con ansias la próxima vez que puedan tomarla de nuevo. La diferencia entre el consumidor recreativo y el adicto es que el asistente casual a la fiesta puede dejar de beber o drogarse. El adicto no puede dejar de hacerlo. Los consumidores ocasionales son capaces de priorizar sus necesidades y deseos, quieren mantener sus trabajos y pueden posponer el consumo a un momento más oportuno. Los adictos siguen bebiendo o drogándose a pesar de las consecuencias negativas, y a medida que continúa ese consumo incontrolado, experimenta malestar, situaciones muy vergonzosas e incluso padece efectos físicamente dolorosos.

Para un adicto el consumo ha dejado de ser una opción, a menos que reciba ayuda, su camino a la autodestrucción y a la destrucción de todo lo que un día le importó están asegurados.

Del mismo modo que toda persona necesita comer o beber agua, y si no puedes hacerlo experimentas un deseo increíble por ello, un adicto ansía una sustancia determinada como si fuera una cuestión de supervivencia. La importancia que un día le dio a su salud o a sus relaciones personales deja de existir o pierde prácticamente toda su fuerza. Ni la comida, ni la higiene, ni las finanzas, ni siquiera dormir tienen ya importancia para esta persona.

Si una sustancia es tan poderosa como para modificar tu forma de pensamiento de este modo, es complicado que puedas salir de ese estado sin ayuda psicológica y sin medicación que ayude a balancear la química de tu cerebro y tu cuerpo. Cualquiera puede dar el paso de tomar una sustancia en un momento dado de su vida, cualquiera puede caer en una adicción, pero no cualquiera puede salir de ese estado. Por eso es preciso que dejemos de estigmatizarlos y que pongamos nuestra energía en ayudarlos a recuperar su salud y sus vidas.

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